Revista Vivienda Infonavit

Encuesta Nacional de Vivienda 2020: el riesgo de observar cantidades excluidas de cualidades

Al observar los datos de la Encuesta Nacional de Vivienda 2020, poco se advierte el riesgo que conlleva interpretar los números sin relacionarlos con las cualidades y procesos que permiten explicar el fenómeno de la vivienda, su habitabilidad y la calidad de vida que ofrece a sus habitantes. El objetivo de este trabajo es analizar, desde un enfoque metodológico mixto, los resultados de la ENVI 2020. La discusión se centra en torno de cinco puntos que requieren especial atención: el hacinamiento de familias por vivienda, la antigüedad de la vivienda, los problemas estructurales, la adaptación climática y la vivienda construida en serie frente a la autoconstrucción.

Los datos de la Encuesta Nacional de Vivienda (ENVI) 2020 proporcionan información estadística sobre las viviendas en México. Sin embargo, a diferencia de otros instrumentos, en ella se contrastan las características materiales de las construcciones con la percepción de satisfacción que reportan sus habitantes. Asimismo, también se determina la inversión en recursos y tiempo que las y los usuarios le han dedicado durante sus diferentes etapas, como la construcción-producción, el mantenimiento o las tareas de reparación. 

Forzosamente, para estudiar a cabalidad un fenómeno como la vivienda y su entorno urbano se requiere incluir a quien la habita. Se trata de una metodología que configura 

un modelo tridimensional compuesto por evaluadores expertos [es decir, las y los encuestadores] y habitantes, quienes evalúan a la vivienda como un sistema entre lo construido y el lote [y, quienes evalúan el sistema, lo hacen] con base en tres constructos de la funcionalidad, la adaptabilidad climática y la seguridad de la construcción […]. De la suma de la opinión del experto, tanto técnico profesional como la del habitante usuario, tenemos la información primaria y de primera mano (Torres Pérez, 2014). 

Ahora bien, para tener una interpretación más efectiva de la realidad debe considerarse el uso de una metodología de investigación mixta que integre información cuantitativa y cualitativa, permitiendo consignar y sumar cantidades representativas de la frecuencia de un fenómeno, así como trazar rutas de desarrollo; pero, de manera sustancial, garantizando conocer los detalles que describen y trascienden la explicación del espacio vivido que es la vivienda, con un menor margen de error y un mayor margen de acierto. 

En este punto, la ENVI 2020 parte del registro cuantitativo en la presencia de cualidades y sin relacionar variables entre ellas, lo que deriva en una comprensión parcial del problema. Las reflexiones que realizo en este texto están dirigidas a la manera en que el registro de un fenómeno parte de identificar los atributos que fungirán como indicadores, con base en los cuales se diseñará el instrumento que recolecte aquellos datos relevantes para descubrir y entender el desarrollo del fenómeno en su dimensión real descriptiva, prevalencia y ruta de transformación en el tiempo. 

En la misma línea, el presente trabajo pretende aportar algunas reflexiones en torno al riesgo de observar cantidades excluidas de sus cualidades, de interpretar los números sin relacionarlos con los atributos y procesos para explicar el fenómeno de la vivienda, su habitabilidad y la calidad de vida que ofrece a sus habitantes. Se intenta ejemplificar lo anterior con cinco puntos que requieren especial atención: el hacinamiento de familias por vivienda; la antigüedad de la vivienda; los problemas estructurales; la adaptación climática; y la vivienda construida en serie frente a la autoconstrucción. 

1. Hacinamiento en relación con el número de familias por vivienda 

El primer tema es el hacinamiento.1 Si bien la vivienda es tanto la base de la encuesta como el objeto material y construido que puede ser medido o apreciado en sus cualidades, no sucede lo mismo con el término hogar.2 En este sentido, la Real Academia de la Lengua (RAE) lo define como un ‘domicilio’, en tanto que a lo largo de la encuesta se presenta una serie de referencias al hogar como sujeto; quizás como sinónimo de familia, lo que resulta un tanto inadecuado para una comprensión precisa.3

Por ejemplo, entre las unidades de información se tienen “hogares y personas con necesidad de vivienda”. Ciertamente, el hogar –entendido como edificio– no puede ser un sujeto y tener necesidad de vivienda. Del mismo modo, en el apartado “Para la utilidad de la información” se menciona “cuantificar la participación de los hogares en las etapas que conducen a la edificación de la vivienda que habitan”, siendo que el domicilio no es un sujeto que participe, sino el espacio en donde ocurren las etapas; se supone, entonces, que por ‘hogar’ se quiso decir ‘habitantes y familias’.

Con la finalidad de reducir la ambigüedad que llegara a existir debido a las varias acepciones del término hogar, se recomienda cambiar el término por uno más exacto.

Dicho esto, me refiero a las “Características generales de las viviendas” y en especial a que, “en México, el total de viviendas particulares habitadas es de 35 259 433 millones [sic]; en 97.8% de las viviendas se tiene un solo hogar y en el 2.2% se albergan dos o más hogares en su interior”.

El número de familias que habitan un mismo inmueble presenta una correlación directa con los metros cuadrados y especificidades de la construcción de las viviendas.

De los 35 259 433 de viviendas habitadas, es difícil creer que solo 2.2% presente la modalidad de familia extensa con dos o más hogares en su interior. Se observa que no distingue el nivel socioeconómico de los ocupantes ni los elementos culturales que permiten conocer estas particularidades. Por ejemplo, existe una tradición entre diversos grupos sociales en México que consiste en albergar, dentro del mismo lote de terreno, a las varias viviendas que corresponden a los hijos e hijas de la familia nuclear. Esta tradición se mantiene en las viviendas en fraccionamientos urbanos, en las que se puede dar cabida a más de una familia en temporadas que van de semanas hábiles (regresando los fines de semana a su lugar de origen) hasta semestres completos para estudiantes, entre otras modalidades de ocupación que cobran importancia al momento de levantar la encuesta, cuando las y los ocupantes aportan datos legales como la propiedad, pero no reflejan las condiciones de ocupación ni de ellos mismos.

Queda pendiente el fenómeno de la relación entre familias intergeneracionales, sus intermitencias habitando juntos por períodos y rotativas, que demandan espacios y, por ello, adecuaciones y nuevas construcciones en la vivienda. Estos son un tipo de datos que acercan al entendimiento cualitativo de la vivienda y las necesidades socioculturales de los grupos de habitantes, características comunes para dimensionar el fenómeno y así poder crear estrategias de solución más adecuadas a las problemáticas particulares.

El número de familias que habitan un mismo inmueble presenta una correlación directa con los metros cuadrados y especificidades de la construcción de las viviendas. En la ENVI 2020 está ausente el dato que permite relacionar que las familias con menos recursos económicos presentan la mayor cantidad de personas y, principalmente, de familias extensas ocupando las viviendas de menor tamaño; además, es altamente probable que esas mismas sean susceptibles de ampliación y habilitación, en diferentes etapas de su vida.

Se desconoce la razón por la cual se utilizó 55 m2 como límite del intervalo menor, pues es sabido que en México existe un número preocupante de viviendas compuestas de una sola habitación, y que cuentan con menos de los 55 m2, dimensiones que no permiten la funcionalidad de la vivienda; una característica definida como 

una cualidad relativa al diseño de los espacios y la organización de las habitaciones con la finalidad de facilitar y dar comodidad en su uso. […] se mide, analiza y evalúa según sus subsistemas y partes agrupadas con base en su uso, es relativa al medioambiente social cultural de la región y debe ser propicia para que las tradiciones y hábitos se produzcan y reproduzcan en la vivienda (Torres Pérez, 2014).

Incluso puedo comentar que, en la pasada década, con el subsidio de la Comisión Nacional de Vivienda (Conavi) y bajo las especificaciones del Código de Edificaciones 2016, se realizaron casas de 40 m2, que fue un programa exitoso en cuanto a que posibilitó a las y los habitantes de más bajos recursos tener una vivienda, pero justo por sus escasas dimensiones hoy requieren de ampliaciones y nuevas construcciones.

Para conocer el problema de las dimensiones de la vivienda se debería utilizar como base aquellos estudios que han descrito la vivienda mínima en sus dimensiones reales, con el fin de establecer parámetros e intervalos más idóneos para que la información que se recabe sea útil para el planteamiento de soluciones reales.4

  1. Antigüedad de la vivienda

Este es el punto que puede conducir a una inadecuada comprensión del fenómeno. Por sí misma, la antigüedad es una característica neutra que alude exclusivamente al tiempo que ha transcurrido desde el inicio de su existencia. Sin embargo, en materia de edificaciones, la antigüedad se relaciona con la estabilidad y seguridad de la construcción, definida como una

cualidad de seguro, referido a la firmeza, durabilidad y aislamiento, que deriva de los materiales y técnicas empleadas en la edificación, tanto como al lugar o sitio, que deja exenta de falla, de caerse y libre de todo peligro, daño o riesgo a la vivienda y sus habitantes (Torres Pérez, 2014).

Es decir, la antigüedad se relaciona con el año en que inició la construcción, el tipo de vivienda y los materiales utilizados; aspectos que relativizan cualquier indicador en relación con el mantenimiento que configura la seguridad constructiva. Como ejemplo expondré dos casos, uno de temporalidad extrema y otro de la seguridad constructiva que ofrecen: el primero será el tipo de vivienda considerada patrimonio cultural edificado (sea vernácula, colonial, porfiriana o moderna), cuyo valor radica especialmente en su antigüedad y, por tanto, su mantenimiento ha sido tal que se ha conservado a lo largo del tiempo. El segundo caso será el de la vivienda mínima construida en serie, cuya calidad constructiva fue reducida al mínimo y su durabilidad de origen es dudosa.

Comenzaré analizando el caso de la vivienda patrimonial histórica en relación a los materiales de construcción. El tipo de vivienda vernácula ha demostrado su eficiencia para las culturas locales por haber sido elaborada con materiales de su región que, en su mayoría, presentan una combinación de diferentes durabilidades –desde piedra hasta madera, barro y paja–, donde lo importante es el mantenimiento constante que permite conservar unos y sustituir otros para que la casa perdure, a pesar de la pobreza de sus habitantes.

En el caso de las viviendas de cal y canto, mampostería y viguerías, pertenecientes al patrimonio colonial o porfiriano –con una antigüedad de entre 300 a 450 años–, su calidad constructiva es merecedora del mantenimiento de materiales y sistemas constructivos dañados, mediante la sustitución y reposición, tal y como la estimula la Ley de Conservación de Monumentos del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Finalmente, las viviendas edificadas durante la modernidad del concreto, y en especial bajo la influencia del Movimiento Moderno Internacional5 (De la Torre, 2016), ya presentan problemas en la vida útil del concreto armado con el que fueron construidas, por lo que algunas casas que no tuvieron mantenimiento y protección pueden ya estar caducas en su vida útil. Se observa, entonces, que la antigüedad es un dato relativo al mantenimiento que da vigencia.

En el contexto del patrimonio cultural edificado, no solo se enfatiza el valor de la antigüedad de su construcción, sino también el hecho de ser ejemplos de la arquitectura de una época y de cuya sumatoria resulta la historia viva tanto de nuestro propio proceso de desarrollo arquitectónico, como de nuestra sociedad; más aún en las que continúan su uso de vivienda y que configuran ambientes históricos barriales que aportan también identidad cultural a una ciudad.

En contraparte se encuentra la vivienda mínima construida en serie que, desde su origen en el siglo XX y hasta fechas recientes, se ha caracterizado por una tendencia a la disminución constante de cualidades constructivas, así como de dimensión y número de espacios compositivos. El siglo XXI ha aportado una calidad constructiva mínima nunca antes vista, que muchas veces no rebasa el tiempo de pago. Una vivienda adquirida con crédito a 10 o 15 años, cuenta con una calidad tal, que presenta problemas constructivos en un alto porcentaje durante los primeros seis meses de ocupación después de la compra.

Cabe señalar que tal calidad constructiva es relativa y generalizada en la vivienda en serie, a partir de experimentar con los materiales de construcción y con los acabados que no corresponden a una lógica de seguridad constructiva o de adaptación climática, sino de economía de inversión en la edificación. Esta práctica de generalizar da como resultado edificaciones con baja calidad y seguridad de origen, poca resistencia tanto al clima como a fenómenos ambientales, así como a las condiciones extremas que caracterizan a huracanes y sismos.

 

Debido a lo anterior, considero que los indicadores deben registrar las circunstancias reales de la antigüedad en relación con la calidad constructiva, ya que la edad no es por sí misma un indicador con el que se pueda calificar mejor a la vivienda nueva contra la vivienda histórica patrimonial.

Asimismo, en la ENVI 2020 los intervalos no son uniformes, sino que tienden a disminuir en relación con la juventud de la construcción, de manera que los dos primeros intervalos son de cinco años –de 0 a 5 años con 9%, y de 6 a 10 años, con 13.5%– y el tercero es de 10 años, de entre 11 a 20 años de antigüedad, con 28.7%. De estas viviendas de menos de 20 años de antigüedad, un alto porcentaje podría ser de mala calidad de origen.

En este sentido, es un tanto raro que los intervalos de antigüedad de la vivienda no sean uniformes en cuanto a los años y que tampoco se vinculen a algún dato complementario como, por ejemplo, el tipo de materiales y sistemas constructivos, o bien, con la producción anual de vivienda que tiende al incremento. Ya que, si consideramos que la tendencia en la edificación es a aumentar la cantidad y a disminuir la calidad, tenemos que la antigüedad podría ser un indicador importante de la causa de déficit de origen. Al considerar solo las cantidades –sin los detalles cualitativos–, no se abre la posibilidad a prever acciones para resarcir daños actuales ni para prevenir los futuros en cuanto a mejoramientos de vivienda.

3. Problemas estructurales

Los problemas de tipo estructural en la vivienda, por principio, son cualitativos, observables y medibles. Sin embargo, no deberían ser tomados como una característica o atributo, sino que deben identificarse como “problemas estructurales de la vivienda” y, por lo tanto, relacionarse con el origen (entendido como la relación creada entre la fecha de construcción y el tipo de construcción) y como dato sustancial sine qua non para una futura solución.

Se trata de ir más allá del registro del daño para conocer el motivo por el cual un problema estructural pone en riesgo la seguridad y bienestar de sus residentes, midiendo el impacto económico para los habitantes, así como las posibilidades de arreglo –sea como una solución definitiva o como remedio temporal–.

De los problemas estructurales se deriva una serie encadenada de aspectos que se observan en los elementos constructivos. Por ejemplo, desde los cimientos (en forma ascendente) y el techo (en forma descendente) hacia los muros, manifiestos en grietas, fisuras y juntas 

frías que se separan y por cuyos espacios se filtra el agua hacia el interior de la vivienda, propiciando ambientes húmedos favorables a absorción de humedad y proliferación de hongos, moho u otra vegetación. 

No todos los desperfectos de edificación son estructurales. La falta o mala calidad de los acabados es un punto importante relativo al clima, ya que la eliminación de sistemas de acabados diminuye la protección del muro, y causa absorción y concentración de humedad, lo que favorece la reproducción de bacterias y hongos. 

La ENVI 2020 señala que los problemas estructurales con mayor frecuencia son humedades y filtraciones de agua, seguidos de grietas o cuarteaduras en techos o muros; ambas situaciones con un porcentaje arriba de 40%. En cualquiera de los casos, se trata de una mala calidad constructiva que propicia una mala calidad ambiental e, incluso, enfermedades. En este contexto, cabe preguntarse cuál sería el porcentaje que representa la problemática en la vivienda construida en serie; es decir, los casos donde el responsable de la calidad no es el habitante-consumidor, sino el productor. 

La reparación de los problemas constructivos representa una inversión económica para sus habitantes, pues se convierte en una actividad constante en virtud de que son problemas difíciles de solucionar y, en algunas ocasiones, imposibles de reparar, resolviéndose solo de manera temporal. 

Todas las viviendas requieren de una inversión en mantenimiento. Entre 12.3% y 16.6% tuvo un gasto por concepto de reparaciones y mantenimiento; faltaría verificar que estas, que suponen aminorar un déficit, no estén causando uno de otro tipo. 

Los problemas estructurales también hacen difíciles las ampliaciones de la vivienda en segundas plantas. En este sentido, 10.6% de las viviendas que presentan fracturas o deformaciones de columnas, vigas o trabes, no podrán hacer ampliaciones para optimizar el suelo sin invertir en cambiar la estructura de su casa, lo cual significa una inversión considerable. 

Se podría pensar que el tipo de desperfecto también se relaciona con el tipo de suelo, especialmente en el caso de las cuarteaduras y grietas, que podrían estar relacionadas con el registro de sismos y movimientos por vientos extremos, como huracanes. Sin embargo, llama la atención que en estados como Yucatán y Campeche –que se caracterizan por la ausencia de sismos– más de 50% de las viviendas presenta grietas, lo que refuerza el argumento de que se debe relacionar el dato con las posibles causas, para hacer consistentes con las estrategias factibles para su atención. 

4. Adaptación climática 

Este concepto puede definirse como la capacidad de ajuste al conjunto de condiciones atmosféricas que caracterizan a una región, tales como soleamiento, ventilación y precipitación pluvial, llevando en consideración todos los eventos, desde los más comunes hasta las situaciones extremas de riesgo (Torres Pérez, 2014). 

Si bien es un acierto que la ENVI 2020 considere este tema, es una pena que no se haya acompañado de la consignación de las cualidades que darían un acercamiento mayor a la realidad de la vivienda. En este sentido, solo tres indicadores están directamente relacionados con una vivienda adecuada al clima: ventilación natural, iluminación natural y protección contra la lluvia, frío, calor o viento. Los dos primeros –que se traduce en soleamiento– son dos condiciones de confort y también de salud. Es triste que en estos rubros se registre 10% de poca o nula satisfacción de la que no sabremos por no preguntar las causas y razones. El tercer indicador es la protección que la vivienda debe ofrecer contra la lluvia, frío, calor y viento, que presenta una insatisfacción de 15%, faltando los datos del porqué, que podrían ayudar a identificar en cuál región la gente percibe que su casa es un sitio que da protección ante las inclemencias del clima. 

En la ENVI 2020 se manifiesta que la inadaptación climática se hace evidente en el registro de filtraciones de agua y presencia de humedad que, como ya se explicó, están relacionadas con la calidad constructiva, surgiendo de problemas estructurales y de acabados. 

La producción en serie es una forma en que las y los mexicanos se hacen de una vivienda, pero eso no significa que sea adecuada; ni en calidad constructiva, ni en confort, ni en funcionalidad. 

La percepción de las y los encuestados es diferente de la satisfacción. Cada respuesta denota una opinión desligada del motivo que la genera, pero circunscrita a cuestiones de la cual es ajeno (como la calidad constructiva de su casa), ya que cada elemento de construcción, su capacidad de ser resistente, funcional y proveer adaptabilidad climática, dependen de la propia vivienda y es responsabilidad de quienes la materializaron; y en un bajo porcentaje es de quienes la habitan, a menos que sean el mismo grupo, por ello se debe conocer el dato cuantitativo ligado a sus cualidades. 

Los habitantes que intervienen directamente en la construcción de su casa generalmente se encuentran satisfechos, porque significa un logro. Lo mismo sucede con aquellos que no tenían vivienda y ahora sí. Dos condiciones que relativizan la percepción de satisfacción y subjetivan la opinión sobre la calidad de la vivienda. 

Sería interesante conocer la relación del problema constructivo con el tipo de vivienda, ya que los materiales de construcción son fundamentales para la capacidad de adaptación climática de cualquier edificio. Esto implica obtener datos que permitan explicar cómo algunos materiales son mejores para determinados climas y evitaría suponerlos igualmente adecuados para cualquier región geográfica o climática. Por ejemplo, la mampostería y el concreto u hormigón armado presentan diferentes capacidades de absorción y reflectancia de calor, de absorción de humedad y de resistencia; asimismo, su comportamiento depende también de su posición como muro o techo, de lo cual estriba su cohesión o capacidad de mantenerse unidos ante las condiciones normales de calor y humedad, como las extremas por turbonadas, huracanes o sismos. 

Una vivienda húmeda y calurosa se convierte en ambiente propicio para el cultivo de hongos, cuya presencia en diferentes grados impacta la vida de sus habitantes, cuando menos en dos aspectos claves: por una parte, acorta la vida útil de muebles, ropa, zapatos y demás artículos de cuero, madera, metal y cualquier material susceptible a la humedad y moho, lo cual implica una constante reposición. Por otra parte, y más preocupante, se crean situaciones de insalubridad que impactan en la salud de sus habitantes, evidente en la presencia de grupos vulnerables como son las y los niños con alto índice de rinitis y cuadros alérgicos y las personas adultas mayores con enfermedades reumatoides. En ambos casos se trata de un gasto no previsto para la economía de los habitantes, al tener que realizar una inversión extra y constante en reposición de muebles o por asistencia a consulta médica y la consiguiente adquisición de los medicamentos respectivos. 

 

5. Vivienda construida en serie frente a la autoconstrucción 

En la ENVI 2020 se registra que, de los 35.3 millones de viviendas particulares habitadas, más de 67% es propia, en virtud de que alguno de los residentes de la vivienda es dueña o dueño (57.1% pagada y 10.7% pagándose), 16.4% está en renta [sic] o alquiler y 14.2% en préstamo. 

Observo que existe un interés del Estado por apoyar a que sean propietarios de su casa. Es entendible a partir de que ciertos tipos de alquiler solo dan seguridad temporal y persiste el riesgo de desalojo. Asimismo, la vivienda propia ofrece la ventaja de conformar un patrimonio familiar y, por ello, permitir procesos de adecuaciones, ampliaciones y construcción de anexos según las necesidades cambiantes de los habitantes de acuerdo con las etapas de su desarrollo como grupo social. 

De manera significativa, se indica como motivo principal del alquiler de la vivienda el “no tener acceso a crédito o no tener recursos”. 

Por una parte, la vivienda en alquiler presenta un porcentaje por arriba de la media nacional en estados como Guerrero (68%) y Chiapas (67%). Por el contrario, el estado que presenta menor porcentaje es Yucatán (36%). Al ser estos estados donde aún se conserva la tradición de la vivienda vernácula de autoconstrucción, podría ser interesante su relación con la vivienda de alquiler, en virtud del potencial de aquella para fungir como alternativa de vivienda. 

De los 23.9 millones de viviendas propias en México, 57.3% es fruto de la autoconstrucción o autoproducción, una vía para materializar una vivienda en los tiempos y posibilidades de los habitantes. En contraparte, 20.8% adquirió una casa nueva –supongo que de construcción en serie, un dato ausente y necesario–. Dicho en otras palabras, es importante determinar cuánta vivienda es producida en serie, ya que este porcentaje es mayor en 4% respecto del registro de 2014, lo que significa una eficiencia relativa de los programas de vivienda. 

En este sentido, la producción en serie es una forma en que los mexicanos se hacen de una vivienda, pero eso no significa que sea adecuada; ni en calidad constructiva, ni en confort, ni en funcionalidad, lo que condiciona a que los diversos prototipos que ofrecen los conjuntos habitacionales sean considerados la primera etapa de la vivienda, a la cual se suma el proceso de autoconstrucción o autoproducción en una segunda y tercera etapa, según el desarrollo, los requerimientos y los recursos de los habitantes. 

Ahora, la suma de los procesos de construcción en serie y la autoconstrucción no garantizan un final feliz. Parto de que la vivienda original construida en serie muchas veces no presenta una buena calidad de edificación que permita procesos de crecimiento igualmente útiles para evitar los ya comentados problemas estructurales constructivos, de confort por adaptación climática y funcionales según las regiones del país. 

Si se diferencia la forma de producción de la vivienda, será más acertada la interpretación que se haga de las características que se han considerado “relevantes”, como el cuarto, área para cocinar, un sanitario, materiales resistentes en pisos, paredes y techos, y, por supuesto, la presencia de infraestructura de agua y drenaje. Adicionalmente, pudieran detectarse los registros del aislamiento acústico y térmico que son estados relativos, en virtud de que una vivienda urbana arquitectónicamente adaptada al clima natural y social prescinde de aislamientos específicos térmicos y acústicos, y la presencia de sistemas para ello sería más un remedio que una solución. 

Ante la pandemia de la COVID-19 es comprensible que la vivienda haya sido considerada como un sitio de resguardo, y que en la ENVI 2020 se hayan realizado registros de condiciones para confirmar su eficiencia. Al respecto, se observó que 26.6% remodeló y construyó espacios ex profeso. 

Ciertamente faltó la relación de los datos cuantitativos con los motivos, ya que es probable que los requerimientos de más espacios y de adecuación se hayan pensado desde antes de la pandemia y durante esta solo se hayan acelerado. Ello evidencia la situación de vivienda inadecuada para resistir tiempos de pandemia, aun cuando ya se ha detectado la presencia de enfermedades crónicas causadas por fallas constructivas. 

La declaración que se hace en la ENVI sobre que el ciclo de vida de la vivienda en México responde a un modelo lineal de producción y consumo basado en el paradigma “producir, consumir, tirar”, no puede ser generalizada, ya que se refiere únicamente a la realidad de la vivienda producida en serie, puesto que la autoproducción presenta otras circunstancias un tanto diferentes. 

Puedo afirmar que el modelo de producción de vivienda en serie y de forma masiva requiere vigilar su proceso de construcción y su calidad para aminorar los impactos negativos en la población, así como en el medioambiente, ya sea por sus procesos productivos, por la generación de desechos contaminantes vertidos en el aire, el agua y el suelo o por los materiales y las emisiones de CO2, lo que reafirma la importancia de detallar más lo cualitativo para entender el problema dimensionado mediante lo cuantitativo. 

La importancia que representa la vivienda como uno de los problemas prioritarios del país, es que de ella dependen el desarrollo sostenible y la salubridad urbana, entre otros que son tema de consulta y prioridad para los censos y encuestas del INEGI. 

Conclusión

A manera de reflexión final, se recuperan los puntos analizados en este ensayo: el hacinamiento por familias por vivienda, la antigüedad de la vivienda, los problemas estructurales, la adaptación climática y la vivienda construida en serie frente a la autoconstrucción. 

La interpretación que hago de los datos de la ENVI 2020 pretende advertir sobre el riesgo que conlleva el descifrar los números sin las cualidades y los procesos que coadyuvan a la explicación y entendimiento del fenómeno de la vivienda, su habitabilidad y la calidad de vida que ofrece a sus habitantes. 

La utilidad de la información de la ENVI 2020 debe enfocarse en cumplir con los compromisos internacionales de la Agenda 2030, así como los de los Objetivos y metas de Desarrollo Sostenible (ODS) del Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Hábitat) acerca de una vivienda adecuada, mediante la evaluación y seguimiento de planes y programas de política pública nacional, rumbo a encontrar referencias que hagan factible disminuir ese 38.4% de la población en México que habita en una vivienda inadecuada, principalmente por presentar hacinamiento y falta de funcionalidad, por inseguridad de los sistemas y materiales constructivos no duraderos y por inadaptación climática, así como por carecer de servicios de agua y saneamiento. 

Las reflexiones que aquí se presentaron buscan mostrar que, para el estudio de la vivienda, es importante partir del conocimiento previo de las condiciones cualitativas que permitan establecer indicadores base para el diseño de un instrumento de recolección de los datos relevantes, con el objetivo de determinar el fenómeno desde su descripción y hasta la explicación de su presencia y frecuencia, así como de la ruta de desarrollo y transformación en el tiempo. 

La importancia que representa la vivienda como uno de los problemas prioritarios del país es que de ella dependen el desarrollo sostenible y la salubridad urbana, entre otros que son tema de consulta y, por ello, prioridad para los censos y encuestas del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, que constituyen las principal fuente de información para la elaboración de indicadores relacionados con el bienestar de la población, la calidad de vida, la habitabilidad urbana arquitectónica y los programas de apoyo para subsanar las diferentes carencias básicas de la vivienda, el hacinamiento, la disponibilidad de servicios, entre otros. 

Enfatizo la importancia del registro de este tipo de datos útiles para interpretar con mayor certeza un acercamiento al entendimiento cualitativo del problema, del cual derivan las estrategias de solución más adecuadas a las particularidades de casos cuyos atributos comunes permiten explicar el fenómeno en sus dimensiones y requerimientos reales por grupos de ocupantes. 

Finalmente, vale la pena resaltar que de la primera emisión de la ENVI en 2014 a la actual se han incorporado variables, datos y se ha ampliado la muestra de población, y, por ello, considero que aún puede mejorarse para que el análisis de la información del próximo ejercicio tenga una utilidad relevante como insumo para entender, a detalle y sin ambigüedades, tanto el problema de la vivienda como la manera en que la gente canaliza sus recursos para obtener, crear, ampliar y modelar su hábitat. Esto en particular es muy útil para que el Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores pueda fundamentar, mantener y diversificar sus programas y apoyos acordes a los requerimientos de los habitantes y derechohabientes. Ello será muy importante para disminuir el rezago habitacional en el país y contribuir de manera acertada y eficiente a la generación de vivienda de alta habitabilidad y calidad constructiva. 

Notas 

1 Este fenómeno puede ser descrito como la “condición donde el número de ocupantes excede la capacidad de espacio de vivienda”, considerando como indicador tres personas o más viviendo en una misma habitación (Organización Mundial de la Salud [OMS], 2018). 

2 Este término es definido por la RAE como “el domicilio de una persona y en el que se desarrolla su vida privada o familiar”; es decir que hace alusión más al sitio que a quien habita, por cierto, sin distinguir entre individuo, pareja, familia, familiar nuclear y familia extensa, todos conceptos ampliamente definidos en relación con la vivienda (RAE, 2021). 

3 Si bien la ENVI parte de la definición de ‘hogar’ como “Conjunto formado por una o más personas, unidas o no por lazos de parentesco, que residen habitualmente en la misma vivienda particular y se sostienen de un mismo gasto para la alimentación”, es un término que tiene diversas acepciones. Considero que al utilizar un término así se crean ambigüedades, y no resulta ser lo más conveniente para utilizarlo como indicador. Y que, a pesar de usar la acepción de hogar-familia, pareciera que en algunas ocasiones se cambia al término hogar-domicilio, y eso aumenta la ambigüedad. 

4 Varios de estos estudios se pueden encontrar en Fidel, C. y Romero, G. (2017). Producción de vivienda y desarrollo urbano sustentable. Ediciones del CCC Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini. https://www.clacso.org.ar/libreria-latinoamericana/libro_detalle.php?id_libro=1239&pageNum_rs_libros=1&totalRows_rs_libros=1178 

5 La tipología de la arquitectura moderna está representada, en parte, por el Movimiento Nacionalista y sus corrientes neomaya con alegorías indigenistas, y el neocolonial con alegorías a la arquitectura virreinal española, de las haciendas, y a las misiones californianas. Y, por otra, por el Movimiento Moderno Internacional, que propone un cambio en la estética, desde el art déco, el art nouveau y el funcional racionalista, con su eclecticismo contemporáneo, de construcciones agregadas por densificaciones durante la segunda mitad del siglo XX. 

Referencias 

Comisión Nacional de Vivienda (2010). Código de Edificación de Vivienda (Segunda Edición). https://www.gob.mx/cms/uploads/ attachment/file/85460/Codigo_de_Edificacion_de_Vivienda.pdf 

De la Torre, I. (Coord.). (2019). Desafíos de la arquitectura en el siglo XXI. Universidad de Guanajuato. 

Instituto Nacional de Estadística y Geografía (2021). Encuesta Nacional de Vivienda (ENVI) 2020. https://www.inegi.org.mx/ programas/envi/2020/ 

Organización Mundial de la Salud (2018). WHO Housing and Health Guidelines. https://apps.who.int/iris/bitstream/ handle/10665/279743/WHO-CED-PHE-18.10-spa.pdf 

Programa de Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (2019). Elementos de una vivienda adecuada. https://onuhabitat. org.mx/index.php/elementos-de-una-vivienda-adecuada) 

Programa de Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos/Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores/ Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (2018). Vivienda y ODS en México. https://www.onu.org.mx/wp-content/ uploads/2019/04/VIVIENDA_Y_ODS.pdf 

Real Academia Española (2021). Hogar. En Diccionario de la Lengua Española. Recuperado el 13 de octubre de 2021, de https://dle.rae.es/hogar 

Torres Pérez, M. E. (2014). Cómo evaluar la vivienda construida en serie. UADY-Conavi-Conacyt-Plaza y Valdez. 

Torres Pérez, M. E. (2020). Evaluación de las condiciones urbanas y arquitectónicas y su impacto en la habitabilidad de los conjuntos de vivienda construida en serie en México. Caso Mérida, Yucatán, 

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Semblanza de la autora

Por María Elena Torres Pérez

Profesora investigadora de la Unidad de Posgrado e Investigación de la Facultad de Arquitectura de la UADY. Arquitecta y maestra en Arquitectura por la Facultad de Arquitectura de la misma universidad. Doctora en arquitectura con Mención Honorífica por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo en el Programa Interinstitucional de Doctorado en Arquitectura (PIDA). Docente en la licenciatura y maestrías en Arquitectura y Diseño Urbano de la FAUADY. En la administración pública fue jefa de Departamento de Desarrollo Urbano y Vivienda en la Secretaría de Obras Públicas, Desarrollo Urbano y Vivienda de Gobierno del Estado y subdirectora de Patrimonio Cultural Edificado de la Dirección de Desarrollo Urbano del Ayuntamiento del Municipio de Mérida 2010-2012, en la que gestionó la creación del departamento de Patrimonio Artístico del Siglo XX, pionero nacional. Responsable de diversos proyectos de investigación en instituciones públicas y privadas, ante Comisión Nacional de Vivienda (Conavi) y Concejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), Programa de Mejoramiento del Profesorado, Programa de Impulso y Orientación a la Investigación de la UADY, Fondo Nacional para La Cultura y las Artes y el Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Yucatán del Instituto de Cultura de Yucatán. Cuenta con investigación publicada de libros de autor, capítulos de libros, artículos en revistas indexadas y otras colaboraciones temáticas de arquitectura y urbanismo histórico patrimonial. 

Puede ser contactada en el correo electrónico: mariaelena.torres@correo.uady.mx

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Gorka Zubicaray Díaz

El autor es arquitecto por la Universidad de Sevilla y maestro en Estudios Urbanos por el Colmex. Actualmente es el coordinador de Desarrollo Urbano para el WRI México. Puede ser contactado en el correo electrónico: gorka.zubicaray@wri.org

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Octavio Heredia Hernández

El autor es matemático por la Universidad Autónoma de Aguascalientes con estudios en maestría en estadística oficial por el Centro de Investigación en Matemáticas A.C.(CIMAT).  Es director general Adjunto de Encuestas Sociodemográficas en INEGI.

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Edgar Vielma Orozco

El autor es matemático por la Universidad de Guadalajara (U de G) y maestro en economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Es director general de Estadísticas Sociodemográficas en el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Puede ser contactado en el correo electrónico: edgar.vielma@inegi.org.mx

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ROMÁN MEYER FALCÓN

Arquitecto egresado del ITESM, con estudios de maestría en Gestión Creativa y Transformación de la Ciudad por la Universidad Politécnica de Cataluña, en Barcelona. A lo largo de su trayectoria ha combinado la docencia con la investigación y el servicio público. Actualmente es el titular de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano y anteriormente fungió como director de Proyectos Estratégicos de la Secretaría de Salud del gobierno de la CDMX, así como asesor técnico para la Secretaría de Finanzas. Cuenta con proyectos de desarrollo urbano y económico con un enfoque de combate a la desigualdad social. Entre dichos proyectos se encuentra el Centro Cultural El Rosario, en la CDMX, el cual busca la integración social a través de actividades culturales y tecnológicas.

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RICARDO LÓPEZ SANTILLÁN

Licenciado en Sociología por la UNAM, maestro y doctor en Sociología por la Université de la Sorbonne Nouvelle-Paris III. Ha impartido cursos de licenciatura, maestría y doctorado. Actualmente es Investigador Titular “B” en el Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales de la UNAM, en Mérida, Yucatán. Sus líneas de investigación son espacio urbano, estructura de clases sociales, cambio sociocultural y etnicidad en la ciudad y su periferia próxima. Cuenta con dos libros de autoría individual y tres como coordinador, además de varios capítulos de libro y artículos en prensa y revistas especializadas.

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Gerardo Gómez del Campo del paso

Abogado egresado de la UNAM y especialista en el régimen jurídico inmobiliario y en el diseño y operación de instrumentos jurídicos en materia de ordenamiento territorial y derecho de propiedad. Es socio y consultor en el despacho Grupo de Consultoría Corporativa, S.C. desde 1995. Ha sido consultor, investigador y profesor en el Programa de Estudios Metropolitanos de la UAM, el Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad de la UNAM, el Colegio Mexiquense, el Colmex, la Ibero y el Banco Mundial.

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Arquitecto y maestro en Urbanismo por la UNAM con especialización en Estudios Urbanos en Holanda, y en Desarrollo Rural Integral en Egipto. Profesor-investigador titular en la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco (UAM), miembro fundador del Programa de Investigación en Estudios Metropolitanos y profesor de la Maestría en Urbanismo en la Facultad de Arquitectura de la UNAM. Ha sido profesor en El Colegio de México (Colmex), en numerosas universidades de varios estados de la república, así como en la Universidad de Buenos Aires y en el Massachussets Institute of Technology. Ha laborado en diversas dependencias del sector público. Coordinó la realización de grandes proyectos como el programa general de Desarrollo Urbano del Distrito Federal y el programa de Ordenación de la Zona Metropolitana del Valle de México, además de ser asesor en la elaboración de la Ley General de Asentamientos Humanos.

Debido a su trayectoria, ha recibido premios como La Gran Orden de Honor Nacional al Mérito Autoral y el Premio Nacional Carlos Lazo. Tiene más de cien publicaciones en medios nacionales e internacionales. Es autor y coautor de varios libros sobre los temas del desarrollo urbano, suelo y vivienda.

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Abogado y doctor en Derecho por la UANL y maestro en Administración Pública por el Instituto Nacional de la Administración Pública en La Sorbonne, París. Ha trabajado como docente en el ITESM, en la Escuela de Gobierno y Transformación Pública y la Facultad Libre de Derecho de Monterrey, en donde es profesor fundador. Recibió el premio Instituto Nacional por un artículo en coautoría con Felipe Solís Acero. Ha sido columnista en Grupo Reforma desde 1996 y servidor público local, federal y abogado miembro del Notariado de Nuevo León.

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ANTONIO AZUELA DE LA CUEVA

Licenciado en Derecho por la Universidad Iberoamericana (Ibero), maestro en Derecho por la Universidad de Warwick, Inglaterra, y doctor en Sociología por la UNAM. Se ha dedicado a la investigación académica de cuestiones urbanas y ambientales desde la perspectiva de la sociología del derecho. Asimismo, fungió como procurador federal de Protección al Ambiente entre 1994 y 2000. En los últimos años ha explorado, entre otros temas, los conflictos socioambientales y la expropiación. En 2012 promovió la formación de una red de investigadores sobre “Jueces y ciudades en América Latina”, en el contexto de la Asociación Internacional de Sociología, con el objeto de examinar el significado y los efectos del activismo judicial en el medio urbano en la región. Actualmente es vicepresidente de la Federación Iberoamericana de Urbanistas.

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Arquitecta y doctora en Urbanismo por la Universidad Federal de Río de Janeiro, Brasil. Es profesora-investigadora de diversas asignaturas en programas de pregrado y posgrado en el Instituto de Arquitectura, Diseño y Arte, de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, donde además se desempeña como coordinadora del Programa de Diseño Urbano y del Paisaje. Autora del libro Densificación sustentable y habitable: viabilidad urbana, económica y sociocultural; ha publicado diversos artículos en capítulos de libro y revistas científicas.

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Ingeniero civil y doctor en Urbanismo por la UNAM. Actualmente se desempeña como profesor de la Facultad de Ingeniería de la UNAM y consultor independiente en temas de planeación, financiamiento y monitoreo. Ha sido funcionario público en Banobras y en la Conavi. Es miembro del Colegio de Ingenieros Civiles de México.

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JOSÉ RAYMUNDO GALÁN GONZÁLEZ

Licenciado en Economía y maestro en Economía Industrial por la UANL; además de haber cursado un máster y doctorado en Economía Aplicada por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). Tiene una especialidad en Evaluación Social de Proyectos por parte del ITESM y Banobras, y en Asociaciones Público-Privadas del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Actualmente realiza un doctorado en Sostenibilidad, en la organización Fondo Verde.

Sus líneas de investigación son: economía urbana, economía del transporte, evaluación de proyectos y economía ambiental. Ha colaborado en más de 50 proyectos e investigaciones aplicadas en los tres órdenes de gobierno, así como en consultoría privada en temas relacionados con el desarrollo urbano, movilidad, evaluación de proyectos de infraestructura vial, salud, dotación de agua potable, gasoductos, protección a centros de población, entre otros.

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ALEJANDRO CEPEDA GARCÍA

Licenciado en Economía por la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL). Fue miembro voluntario del Service Civil International realizando actividades en Sipplingen, Alemania. Cuenta con un diploma en Derechos Humanos por la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Nuevo León, en su Capítulo con el ITESM. A la fecha ocupa la dirección de Equipos en TECHO Nuevo León.

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EMILIA GARCÍA-ARTEAGA MOLINAR

Es licenciada en Administración y Finanzas por la Universidad Panamericana, donde fue parte del Consejo Estudiantil de la facultad y colideró la adhesión de la institución a la Red Universitaria de Prevención y Atención a Desastres. Cuenta con estudios sobre Negociación por la London School of Economics y Emprendimiento Internacional por Hogeschool Utrecht (Países Bajos). Actualmente es maestrante en Innovación Social por Learning by Helping y profesora de Financial Analytics en Collective Academy. Antes de dirigir el capítulo mexicano de TECHO se desempeñó como su coordinadora de fomento productivo, directora nacional de finanzas y directora comercial. Asimismo, ha desempeñado varios roles de voluntariado desde 2009 y participa en redes nacionales e internacionales dentro de la sociedad civil.

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CAROLINA VILLARREAL LEOS

Arquitecta por la UANL, con estudios en la Universidad de Málaga, en España. Forma parte del colectivo ciudadano La Banqueta Se Respeta y es coordinadora de Diseño y Análisis Urbano de la iniciativa DistritoTec. Se ha desempeñado principalmente en el desarrollo de proyectos de intervención en el espacio público, con un amplio enfoque en paisaje y accesibilidad.

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SHEILA FERNIZA QUIROZ

Arquitecta por el ITESM con estudios en Barcelona. Actualmente cursa la Maestría en Asuntos Urbanos en la UANL, investigando temas de vivienda, planeación urbana, movilidad y género. Desde el 2013 trabaja en proyectos urbanos de movilidad y espacio público dentro de la iniciativa de regeneración urbana DistritoTec.

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IBAN TRAPAGA IGLESIAS

Maestro en Antropología Social por el CIESAS, D.E.A. en Migraciones y Conflictos por la Universidad de Deusto y doctor en Ciencias Antropológicas por la UAM. Actualmente se desempeña como profesor asociado del Departamento de Antropología de la UAM y cursa un doctorado en Historia. Cuenta con varias publicaciones en revistas de prestigio internacional sobre ciudad, migraciones internacionales, fronteras y violencias.

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DIEGO CASTAÑEDA GARZA

Economista por la University of London y maestro en Ciencias en Historia Económica por la Universidad de Lund. Actualmente es el director del clúster de economía, finanzas y desarrollo internacional en Agenda for International Development, así como profesor de Economía y Desarrollo Sustentable en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM). Sus intereses de investigación incluyen el crecimiento económico de largo plazo, la evolución de la desigualdad y la historia de las transiciones energéticas. Es autor del libro de reciente publicación: Pandenomics: una introducción a la historia económica de las grandes pandemias (Malpaís/UNAM).

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JOSÉ ALFONSO IRACHETA CARROLL

Arquitecto egresado del ITESM, con estudios de maestría en Gestión Creativa y Transformación de la Ciudad por la Universidad Politécnica de Cataluña, en Barcelona. A lo largo de su trayectoria ha combinado la docencia con la investigación y el servicio público. Actualmente es el titular de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano y anteriormente fungió como director de Proyectos Estratégicos de la Secretaría de Salud del gobierno de la CDMX, así como asesor técnico para la Secretaría de Finanzas. Cuenta con proyectos de desarrollo urbano y económico con un enfoque de combate a la desigualdad social. Entre dichos proyectos se encuentra el Centro Cultural El Rosario, en la CDMX, el cual busca la integración social a través de actividades culturales y tecnológicas.

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CARLOS OCHOA FERNÁNDEZ

Arquitecto por la Universidad de Guadalajara, con experiencia profesional de 35 años en áreas de planeación urbana y regional, suelo urbano y vivienda. Ha dirigido, durante 20 años, el proyecto “El Porvenir”, el cual ha permitido el acceso a suelo urbano en condiciones de legalidad a casi 9 000 familias de bajos ingresos y ha recibido diversos reconocimientos, tanto nacionales como internacionales, entre los que se cuenta el Good Practice, Concurso de Buenas Prácticas para la Mejora de las Condiciones de Vida (ONU) 2004.

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ANAVEL MONTERRUBIO REDONDA

Doctora en Sociología y Maestra en Planeación y Políticas Metropolitanas por la UAM-Azcapotzalco. Posdoctorante por el National Centre of Competence in Research North-South (nccr-ns) Suiza EPFL. Es profesora-investigadora C, de tiempo completo en la UAM-Azcapotzalco. Fue subdirectora general de Análisis de Vivienda Prospectiva y Sustentabilidad de la Comisión Nacional de Vivienda (Conavi) de 2018 a 2021. Es investigadora en el Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública de la Cámara de Diputados y directora de Planeación Estratégica del Instituto de Vivienda de la CDMX. Sus áreas de investigación son: producción del hábitat urbano, política habitacional nacional y de la CDMX, renovación urbana, conflicto urbano, planeación urbana y planeación participativa.

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GUILLERMO GÁNDARA FIERRO

Doctor en Economía y máster en Economía Regional y Urbana por la UAB, y en Economía Aplicada, Administración e Ingeniería Industrial por el ITESM. Sus áreas de especialidad son la prospectiva ambiental y urbana, la educación para la sostenibilidad y la economía ambiental. Ha dirigido el máster en Prospectiva Estratégica en el ITESM, donde trabajó como profesor e investigador en la Escuela de Gobierno y Transformación Pública. Actualmente es profesor titular en el departamento de Relaciones Internacionales del ITESM. Es miembro del Millenium Project y de la Red Iberoamericana de Prospectiva.

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MIGUEL CASTILLO CRUZ

Ingeniero civil y maestro en Mecánica de Suelos por el Instituto Politécnico Nacional (IPN). Es especialista en el análisis y diseño geotécnico de cimentaciones y pavimentos. Cuenta con una trayectoria profesional de más de 30 años, alternando la práctica profesional con la academia, la investigación, el servicio público y la práctica privada. Actualmente es profesor de las Academias de Geotecnia y Vías Terrestres, así como vocal de la Sociedad Mexicana de Ingeniería Geotécnica 2021-2022. Ha ocupado cargos públicos como subdirector de Planeación y Control en el Ayuntamiento de Naucalpan, Estado de México, entre otros.

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ENRIQUE GUEVARA ORTI

Ingeniero mecánico electricista por la Facultad de Ingeniería de la UNAM, con estudios de especialización en México y el extranjero en Protección Civil, Sistemas de Alerta Temprana y Gestión Integral de Riesgos de Desastre. Inició su trayectoria en el Instituto de Ingeniería en la Coordinación de Instrumentación Sísmica. Fue coordinador operativo del Servicio Sismológico Nacional y en el Cenapred ocupó diferentes cargos desde su incorporación en 1989, donde actualmente es el director general. Ha sido asesor y consultor de la Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil de la Ciudad de México (CDMX), de la LXII Comisión de Protección Civil de la Cámara de Diputados federal, de la Estrategia Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres de las Naciones Unidas y de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe.

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FLORES CORONA

Geógrafa egresada de la UNAM con maestría en Sociedades Sustentables por la UAM. Tiene un diplomado en Gestión, Ingeniería y Ciencias para la Resiliencia de los Desastres. Es técnica básica en Gestión Integral del Riesgo por la Escuela Nacional de Protección Civil y se desempeña como investigadora en Geotecnia y Cimentación, de la Dirección de Investigación del Cenapred.

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LEONARDO E. FLORES CORONA

Ingeniero civil y maestro en Ingeniería con especialidad en Estructuras por la Facultad de Ingeniería de la UNAM. Coordina el Grupo de Trabajo redactor de las Normas Mexicanas sobre mampostería en el Organismo Nacional de Normalización y Certificación de la Construcción y Edificación, y es secretario en la Sociedad Mexicana de Ingeniería Sísmica. Se desempeña como jefe de departamento de Ingeniería Sísmica y Mecánica estructural de la Dirección de Investigación del Cenapred.

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MICHELLE MUNIVE GARCÍA

Geógrafa egresada de la UNAM con maestría en Sociedades Sustentables por la UAM. Tiene un diplomado en Gestión, Ingeniería y Ciencias para la Resiliencia de los Desastres. Es técnica básica en Gestión Integral del Riesgo por la Escuela Nacional de Protección Civil y se desempeña como investigadora en Geotecnia y Cimentación, de la Dirección de Investigación del Cenapred.

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ANTULIO ZARAGOZA ÁLVAREZ

Geógrafo por la UNAM. Cuenta con diplomados en Gestión, Ingeniería y Ciencias para la Resiliencia en los Desastres. Labora como jefe de Departamento de Análisis de Fenómenos Geotécnicos, de la Dirección de Investigación del Cenapred.

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JOEL ARAGÓN CÁRDENAS

Maestro en Ingeniería con especialidad en Estructuras por la Facultad de Ingeniería de la Universidad Autónoma de México (UNAM). Formó parte de la Subdirección de Riesgos Estructurales en el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), donde actualmente es subdirector de Vulnerabilidad Estructural de la Dirección de Investigación del Cenapred.

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LEOBARDO DOMÍNGUEZ MORALES

Ingeniero civil por Benemérita Universidad Autónoma de Puebla con Maestría en la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Ingeniería de la UNAM, donde fue profesor investigador. Ha participado en proyectos sobre instrumentación geotécnica, sísmica y puvial en diversas partes del mundo y ha colaborado en misiones de apoyo técnico en América Latina y Asia. Es miembro fundador del Comité de la Estrategia Mexicana para la Mitigación de Riesgos por Inestabilidad de Laderas.

Actualmente es el subdirector de Dinámica de Suelos y Procesos Gravitacionales, de la Dirección de Investigación del Cenapred.

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YOLANDA FERNÁNDEZ MARTÍNEZ

Doctora en Arquitectura por la Universidad de Guanajuato, así como licenciada y maestra en Arquitectura por la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY). A lo largo de su trayectoria se ha desempeñado tanto en el sector privado, el público, como en la docencia, trabajando como profesora e investigadora en la Facultad de Arquitectura de la UADY, y desde el año 2000 en el área de diseño y desarrollo urbano y vivienda. Actualmente es coordinadora de la Maestría en Arquitectura de la FAUADY. Sus áreas de investigación son la expansión urbana, así como los instrumentos normativos.

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MARIO ALFREDO HERNÁNDEZ SÁNCHEZ

Doctor en Humanidades, con especialidad en Filosofía Moral y Política, por la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa (UAM-I). Se desempeña como profesor investigador de la Facultad de Filosofía y Letras, así como coordinador del Posgrado Interinstitucional en Derechos Humanos en la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel I. A lo largo de su trayectoria ha sido profesor invitado en numerosas universidades y fungió como asesor de la Presidencia del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación y de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México.

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MAIRA GABRIELA JURADO GUTIÉRREZ

Maestra en Derechos Humanos por la Universidad Iberoamericana con estudios en Cooperación Internacional para el Desarrollo, y Licenciada en Relaciones Internacionales, también por la Universidad Iberoamericana. Actualmente se desempeña como directora de Operación y Seguimiento a Programas en la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial Urbano (Sedatu).

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CARINA ARVIZU MACHADO

Maestra en Diseño de Ciudad y Ciencias Sociales por la London School of Economic and Political Sciences y arquitecta por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. Actualmente se desempeña como directora de Desarrollo Urbano del Tren Maya en el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur) y fue subsecretaria de Desarrollo Urbano y Vivienda en la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial Urbano (Sedatu).

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MALINALLI HERNÁNDEZ-REYES

Estudiante del Doctorado en Estudios Humanísticos del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. Su investigación se centra en los efectos de las tareas reproductivas en la labor productiva de la mujer en la Zona Metropolitana de Monterrey (ZMM). Es maestra en Ingeniería y Administración de la Construcción por la misma institución y por la Universidad Veracruzana. Realizó una estancia académica en el Grupo de Investigación en Geografía y Género del Departamento de Geografía en la Universidad Autónoma de Barcelona para la revisión metodológica de su investigación doctoral.

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ALEJANDRA PALACIOS M.

Arquitecta por el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey. Se desempeña como especialista de Apoyo en Sistemas de Información Geográfica para las Áreas de Vivienda y Urbanismo del Centro Cemex-Tec de Monterrey.

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JOAQUÍN R. GARCÍA V.

Arquitecto por el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey. Se desempeña como especialista de Apoyo para el Área de Vivienda del Centro Cemex-Tec de Monterrey.

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CARMEN ARMENTA MENCHACA

Arquitecta por el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey. Es especialista en Diseño Urbano y Desarrollo Inmobiliario. Ha desarrollado una trayectoria profesional híbrida, alternando su trabajo entre la academia, la investigación tanto científica como aplicada, y la práctica privada de la profesión. Su principal línea de investigación es la vivienda, privilegiando la investigación aplicada para el desarrollo de metodologías y programas, dirigidos a dar solución a la problemática de vivienda en los sectores de población históricamente más vulnerables y vulnerados. Desde el 2014 es líder del Área de Vivienda del Centro Cemex-Tec de Monterrey.

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ELENA V. V. SOLÍS PÉREZ

Licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma Nacional de México (UNAM) y especialista en producción social de vivienda de bajos ingresos. Cuenta con una trayectoria de más de 45 años en la administración pública, la academia y la iniciativa privada. Ha colaborado en organismos de vivienda y de regularización de la tenencia de la tierra en el ámbito federal y de la Ciudad de México. Ha realizado investigaciones en materia de vivienda y política habitacional para el Banco Mundial, Hábitat para la Humanidad América Latina y el Caribe y el Centro Cooperativo Sueco. Colaboró con la Comisión de Vivienda para las reformas a la Ley de Vivienda 2006. De 2007 a la fecha dirige el Centro de Apoyo Mejoremos, una organización distinguida con el Premio Nacional de Vivienda 2014, en la categoría de Producción Social de Vivienda Urbana.

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PEDRO PACHECO SOLANO Y ALICIA SOFÍA LANDÍN QUIRÓS

Estudiantes de noveno semestre de Ingeniería en Desarrollo Sustentable del Tecnológico de Monterrey. Desde enero de 2018 han sido asistentes de investigación en el Laboratorio de Sistemas de Información Georreferenciada del ITESM participando en la elaboración de atlas de riesgo y planes de desarrollo urbano.

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SEBASTIÁN FAJARDO TURNER

Estudiante de décimo semestre de la carrera de Arquitectura del Tecnológico de Monterrey. Desde enero de 2020 se desempeña como asistente de investigación en el Laboratorio de Sistemas de Información Georreferenciada del ITESM, donde ha participado en la elaboración de planes municipales de desarrollo y un estudio sobre la expansión urbana de Monterrey.

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DIEGO FABIÁN LOZANO GARCÍA

Biólogo egresado de la Facultad de Ciencias de la UNAM. Cuenta con una Maestría en Ciencias y un Doctorado del Departamento Forestal en el área de Análisis Geoespacial, por la Universidad de Purdue, Indiana, en Estados Unidos. Es director y fundador del Laboratorio de Sistemas de Información Georreferenciada del ITESM, campus Monterrey. También es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel I. Tiene una amplia experiencia en el uso de herramientas de percepción remota para análisis de riesgos, calidad ambiental y desarrollo urbano.

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ROBERTO PONCE LÓPEZ

Doctorado en Estudios Urbanos y Planeación por el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), en Estados Unidos, y una Maestría en Política Pública por la Universidad Carnegie Mellon (CMU), en Estados Unidos. Actualmente es profesor-investigador de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del Tecnológico de Monterrey. Su investigación es sobre la modelación urbana y el diseño de políticas públicas de transporte y uso de suelo.

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PALOMA SILVA DE ANZORENA

Experta en el diseño de políticas públicas, subsidio y financiamiento a mercados de vivienda y desarrollo urbano sustentable en Latinoamérica y el Caribe. Actualmente labora en el Banco Interamericano de Desarrollo en Washington. A lo largo de su trayectoria profesional se ha desempeñado como ministra de Vivienda en México y directora general adjunta de Sociedad Hipotecaria Federal. Es socia fundadora de IXE Banco y AFORE XX, así como miembro del consejo de administración de diversas instituciones públicas. También se desempeña como catedrática con más de 20 años de experiencia, impartiendo clases a nivel licenciatura y maestría.

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NORMA GABRIELA LÓPEZ CASTAÑEDA

Es abogada por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y Maestra en Derecho Fiscal por la Universidad Panamericana (UP). Desde diciembre de 2018 tiene a su cargo la Dirección de Incorporación y Recaudación del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). A lo largo de su trayectoria ha ocupado diversos cargos en otras instituciones públicas, como el Servicio de Administración y Enajenación de Bienes (SAE) y la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP). Asimismo, ha laborado en la industria privada y la academia.

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IRENE ESPINOSA CANTELLANO

Economista y funcionaria pública. Desde enero de 2018 ocupa el cargo de subgobernadora del Banco de México, convirtiéndose en la primera mujer dentro de la Junta de Gobierno que se estableció con la autonomía en 1994, y la primera en ocupar un rol cupular en el banco central mexicano desde su creación en 1925. Cuenta con una trayectoria de más de 25 años de experiencia en el sector financiero y académico. Se ha destacado profesionalmente tanto en la administración pública como en organismos financieros internacionales.

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JOANA CECILIA CHAPA CANTÚ

Doctora en Economía con especialidad en Teoría Económica y Aplicaciones, titulada con honores, por la Universitat de Barcelona (UB). Desde 2003 es profesora de tiempo completo de la Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), y desde 2016 es directora de su Centro de Investigaciones Económicas. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel II, así como miembro fundador y activo de asociaciones vinculadas al análisis sectorial y de finanzas públicas. Del 2007 a la fecha cuenta con alrededor de 50 publicaciones. Sus principales áreas de interés son los modelos multisectoriales, el crecimiento económico y las finanzas públicas.

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MARÍA EUGENIA HURTADO AZPEITIA

Doctora en Arquitectura y profesora en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) desde 1982. Es jefa del taller de proyectos del grupo de apoyo técnico solidario Espacio Máximo y Costo Mínimo, A.C. desde 1983. Junto con su asociado, Carlos González y Lobo, sus trabajos y proyectos han sido distinguidos con diversos premios, entre los que destacan el premio Vassilis Sgoutas 2011, otorgado por la Unión Internacional de Arquitectos UIA en Tokio, y el premio honorífico Magdalena de Plata, 2013, concedido por la Federación de Arquitectura Social – FAS. Ha impartido cursos y dictado talleres en organizaciones civiles de Chile, Cuba, España, México, República Dominicana y Marruecos. Es miembro de la Asociación Mexicana de Arquitectas y Urbanistas (AMAU) y formó parte de la red XIV-E: Vivienda Rural del CYTED-HABYTED de Cooperación Iberoamericana.